Islandia

Nunca te abandono
pero me abandono a mi misma
y en esos momentos es cuando te perdés en el enjambre de mis noches
y en esos momentos es cuando se me hace inevitable jugar al cambio de identidades
y en esos momentos es cuando debería de encontrarte
y alinearte a mis planetas sin órbita.

Tengo ganas de llorar
y hacer música con mis lagrimas
y hasta tal vez de retirarme a lugares con menos luz
menos concurridos con más nieve
con un poco más de resfríos
y un poco menos de clima subtropical.

De todas maneras debería de buscarte,
aunque te abandone y te reemplace por alguna estepa lejana.

Tendría que darme vuelta y gritarte aunque no estés
perforar las paredes agrietar las piedras descolgar los cuadros.

Tal vez deba revisar mis bolsillos.

Jardín Zen

Esfuerzo innato por andar escondiéndote:
naturalmente lo hacés gratis, por diversión y sobre todo porque
sabés que es algo que hacés bien

Ya sé que sos capaz de mimetizarte con los ambientes más inverosímiles, no me extrañaría verte un día entre las partículas de un vidrio
y no darme cuenta que ahí estás.
Mientras, yo tendría un vaso de agua en la mano y querría disipar sus átomos.
Tal vez me susurrarías alguna palabra para que yo no te olvidara -pero ya debés saber que yo no olvido a pesar de mis refugio/escapes mentales-.
Después, yo con los átomos entre las manos, haría fuerza mental para que se juntaran y ver si vuelven a formar agua en un vaso. Y vos, permitiendo que
los rayos del sol me toquen a través de tu ausencia transparente.

Ya sé que sos capaz de enredarte en vos mismo y consumirte consumándote
a tus juegos de desvanecimiento.
No digo que no tengas otras habilidades, pero es la única que conozco.
Cada uno tiene capacidades para hacer diferentes cosas, por ejemplo,
yo sé aguardar agazapada entre las sombras
para aparecer de repente en los lugares más recónditos del universo.
Podría aparecer en tu bolsillo. En cambio,
vos desapareces, menguás al ritmo de las heridas.

Ya sé que sos capaz de lastimarme. Poseés un arma más poderosa que la luna naranja. Yo me dejo atravesar por las cadenas desnudas
las mantas cartilaginosas
el alcohol enramado
los límites del insensato
Y vos arrastrando tu no-presencia sobre magnolias nigrománticas
Sobre el río que deviene árbol sol caracol o cigarrillo
Sobre mi paciencia de cartón corrugado
Sobre la noche almidonada
Sobre mí, caminándome como si fuera algo que no pueda pisarse — jardín zen

Disfrutás tanto de mover cada grano de arena de mi cada roca cada sonido cada ondulación cada misterio cada molécula de aire
Cada uno de mis yoes — sin moverte

(In)acción justificándote

No digo que no seas capaz de otras cosas pero
la gran mayoría, yo las invento en mi para que vos las hagas.

No digo que no seas capaz de otras cosas pero
vos solo te disfrazás de niebla
sentada sobre el suelo y
levitando sobre él.

La huida y la supervivencia

La huida y la supervivencia… comparación con la realidad de cuadros desdentados que levanta imperios sobre nuestras ruinas.

 

Podríamos vivir mientras tanto

 

Eso de andar buscándote por los recovécos por las vueltas de las orejas… eso de poner en palabras lo que no puedo explicar (lo que se explica y no se comprende a si mismo), ese abarrotamiento de sangre en el sitio que hoy ya no ocupa el corazón…

 

Podriamos tocarnos un pedazo de piel y suicidarnos

 

quisiera poder llorarte frente a tu cara

poder conservarte aislado

desearte y no tenerte.

 

Eso de no saber quién sos ni a quién le escribo, esto de no saber qué es el delirio, el querer buscar una clave lógica, el darme cuenta que no la tiene… eso de andar mirando tu sombra por los espejos o portales grises y brillantes o paredes multifacéticas…

 

Podríamos vivir y tocarnos un pedazo de alma

e inmolarnos

 

quisiera colapsarme de irrealidades

poder imaginar tu presencia

y no confundirme con ella ni soportarla a medias.

 

Podríamos vivir mientras tanto. Vivir y mientras, la vida. Podríamos. Hasta la muerte. O hasta mañana.

 

Hasta mañana.

Hay que refugiarse

“Hay un jardín”

Alejandra Pizarnik

 

Hay que refugiarse.

 

Ahí veo un estandarte

repleto de líneas de sangre

armando el destino.

 

Sólo deseo ver hasta dónde duele

que arda hasta el aire

el tiro la mano

 

Hay un lugar

al que voy caminando marcha atrás.

 

La soga el árbol

el titilar de las hojas

de la cabeza.

 

Hay un lugar

en el cual la música desobedece

a las hordas mentales

 

en el cual

las piedras se vacían

y gritan los nombres de los huesos

 

en el cual el viento trae sombras

y éstas traen cruces y coronas

para vestirme.

 

Hay un lugar lleno

de la ausencia de las flores

en el cual yo persisto

dibujando semillas carcomidas

 

en el cual mis manos

llevan uñas con las que arranco venas

y anillos de cenizas.

 

Hay un lugar

al cual solo llego

y entiendo lo que pasa

y miro hacia afuera

viendo estrellas apagadas.

 

Hay un lugar

que deja todo

y permite abandonarme

entre cúmulos de cemento.

 

Escucho un grito atemporal

con forma de dientes

prediciendo la presencia de líquidos corporales.

 

Hay que refugiarse.

 

Designios


“The seventh arrival of the night”

Michel Leiris

 

Sé que no puedo hacer nada

que mis manos y mi cuerpo y mi mente de ser humano me impiden hacer algo

y me quedo contemplando los puntos que forman tu cuerpo entre las estrellas (vos-constelación)

 

Esto no sé si es para mí, quiero decir

esto de andar dilucidando entre líneas, cuando hay líneas, que es lo que quieren decirme, cuando quieren decirme algo — pasan las horas (vos-tiempo)

 

No lo sé, no te puedo saber (vos-incógnita)

porque no está bajo el alcance de mi mente — si mi alma estuviera sola, quizá se las arreglaría mejor (ella es la poseedora del instinto asesino).

 

Solo esta manía de arroparme con la noche persiste. Y esta persistencia de que digas algo que entienda también persiste.

 

Contrariedades de las que sos parte se desarrollan al ritmo de los zócalos (vos Vs vos) y así caés entre estas palabras inconsecuentes que salen de mis manos como si fueran flechas quebradas entre mis recuerdos más nebulosos (vos-bruma)

 

Y yo esperando la noche que sigue a esta noche y al vos que te sigue a vos mismo.

 

Y esta necesidad de persistir yo. Y la noche caminando sobre mis dedos de dactilógrafa. Vos-metafísico caminando por entre mis neuronas. Y vos-material caminando no sé dónde, pero sé que lejos de donde yo estoy. Y yo misma caminando lejos de donde yo estoy. Y la noche asomándose por entre las ramas, poniéndose sobre las tempestades de los cuartos llenos de hojas en el suelo.

 

Y yo escribiendo palabras sin sentido, como buscando una solución para este enigma inexistente — y pasa el tiempo — la noche siempre llegando, vos callando junto a ella. 

Praga

No sé nada de vos

Solo que un día estabas

Entre mis dedos

Ardiendo al ritmo

De alguna música que no

Podría describir…

 

Será algún puente

Lo que me une a vos

(será la oscuridad

en nuestras almas)

 

Será la mutua ausencia.

Diálogos con la muerte

Abro la boca y salen soles.

Gastaría mi vida en que salga una mísera luna a saludarme. El bullicio nocturno es manejable, el silencio me es familiar.

Hay alguien que me mira a través de la ventana, desde la oscuridad. Las luces de la muerte. La muerte disfrazada de negro.

Lo negro se escurre y toma de la mano a esta figura humanoide que soy yo durante el día (que también soy yo durante la noche).

Un mosquito desaparece entre las telarañas que hay tendidas de lado a lado de mi mente.

Gastaría mi razón por un poco mas de caos intrapersonal.

No es que me queje, que no me alcance. Solo es que a veces mi yo y el de al lado y el de al lado y el de al lado y el de al lado tienen charlas poco profundas. Y uno se queda como esperando que en realidad empiecen.

Decía que lo negro se escurre y llueve sobre los poros. Y los poros se ahogan. Y llueve sobre lo negro. Y yo decía. Y yo me ahogo con poros. Y luego resucito entre lo negro y digo.

Gastaría mi vida por un poco mas de caos interpersonal.

No sé qué digo, pero muevo la boca como si por fin en algún dialogo se diga algo profundo. Y en realidad, solo es silencio entre dos palabras lo que escucho. Y lo negro se mete por mi oido elástico y dice. Yo no sé que dice, pero mueve la boca como si por fin en algún dialogo se diga algo profundo: “Quiero seguir conociéndote” dijo la muerte. “Yo también quiero seguir conociéndome” dije y le di la espalda, metiendo su tarjeta personal en el bolsillo.

Lo negro metido en mi bolsillo en mi misma hace restallar lo único que no poseo. Gastaría mi voz en eso.

 

Trasnoche

¿Por qué nos dedicamos a trasnocharnos?

Me

tras >>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>polas

me

endureces

me

d          i           s          p          e          r           s          a          s

 

y nos escuchamos al ritmo cadente de la

misa rejuvenecedora del alma que no

tenemos

que rompimos contra el piso en damero

de las crisálidas

 

Te

“algo”

pero no sé qué

 

podría borrar la puntuación

seguro puedes adivinarla

podrías estrellarme

emreartorter

y la noche podría

l

l

o

v

e

r

s

e.

Tesalónica

He sido en función de lastimarme. Es tan triste ver a mi sombra retirarse por las escaleras y por los mapas. Y los lugares que nunca veré. Y los tiempos que no viviré. El exotismos saturado de la misma ciudad la misma gente la misma lluvia aplastándote los sentidos.
Extraño la multiplicidad de personalidades que me caracterizó siempre.
Cavándome a mi misma hasta los huesos y no encontrándolos. Acciones cotidianas: el escrutinio hasta el inconsciente para la seguridad del sistema, negar la existencia de uno mismo tres veces al día, sumando la paleontología actual.
Extraño los libros que nunca leeré y mi presencia cuando hago hipótesis sobre mi misma.
Extraño todo lo que no veré nunca. Sobre todo Tesalónica.
Extraño los puentes edificios catedrales puertas ventanas remeras triciclos peines gritos perros ranas ornitorrincos bebidas,
extraño las velas encriptadas y las arcadas góticas.
Extraño extrañar, también.

Soy en función de lastimarme. Extraño mi depresión cuando no está.
Que venga — la espero con la luz apagada.